Ikigai es un término japonés de moda. Su uso en entornos de empresas, desarrollo personal, marketing y otros es muy habitual.

Yo no lo hago evidentemente 😉 y quiero explicarte los porqués.

1. El término. Como buen término japonés en realidad es de difícil traducción. Traducir «directo» de otro idioma no ayuda mucho pero ya sabes que se hace con frecuencia. El caso es que suelen comentar que Ikigai significa «razón de ser».

2. Las claves del Ikigai.
Resulta que esa razón de ser, ese para qué en la vida dicen que se encuentra en la intersección entre: «lo que me gusta», «lo que se me da bien», «por lo que la gente paga» y «lo que la gente necesita» (ver figura abajo). De esta manera en el espacio en que confluyen los 4 está «tu Ikigai». Haces algo que te apasiona, que además se te da fenomenal, encima te pagan bien por ello y a la vez es bueno para la gente y la sociedad. ¿Se puede pedir más? Suena perfecto ¿verdad?

A partir de aquí, encuentras el Ikigai en cualquier lugar. Hay quien incluso se lo tatúa o lo lleva en una pegatina en el coche o te habla de él en la cola del supermercado. Pero igual esto del Ikigai (tal y como se muestra normalmente) es un poco ilusorio, irreal e ingenuo. Vamos a verlo…

3. Del Iki-gai al Guiri-gai
Igual conoces de sobra la probabilidad condicionada y la probabilidad múltiple.
Piensa en una baraja de cartas. El Ikigai parece pedirte que saques cuatro reyes al coger 4 cartas al azar: el rey de «lo que me gusta», el rey «lo que se me da bien», el rey «por lo que la gente paga bien» y el rey de «lo que la gente necesita». Si fueran cartas esa probabilidad sería 1/10 x 1/10 x 1/10 x 1/10 = 1/40. O sea, que de 40 tiradas donde sacaras 4 cartas solo una vez te saldrían 4 reyes. ¿Es esto inteligente o es un «guirigai»?

Vamos a ejemplos reales:


Conozco a un ilustre doctor en Historia (tiene dos ases, el me gusta algo mucho y el se le da muy bien), pero mira, resulta que aunque a la gente le hace falta historia de la buena no están muy dispuestos a aprender. Además aunque es un grande, donde vive no hay trabajo bien remunerado para un especialista en esta materia con lo que el Ikigai se complica.

Hay gente que aunque les animan a que se dediquen a lo que se les da bien y tienen talento, bien saben que incluso teniendo «talento» (ya hablaremos un día de ello), lo cierto es que no han sido premiados por su sociedad en relación a su esfuerzo y habilidades. No lo digo yo. Grandes como Michael Sandel (Harvard) o Robert Frank (Cornell), autores de interesantes libros sobre este tema, dudan con excelente argumentos de la meritocracia. El Ikigai moderno parece que olvida los datos reales.

Podría seguir con decenas de ejemplos en los que ni es tan sencillo el talento, ni tan justo el esfuerzo, ni quizá poseamos exactamente la solución a las necesidades reales de la población ni siempre es bien pagada la excelencia. El caso es que si encima se tienen que dar todas esas circunstancias a la vez es extremadamente difícil.

4. El otro Ikigai

La sabiduría no nos dice que el camino del stress y 4 reyes al sacar 4 cartas al azar sea lo idóneo.

La sabiduría nos enseña que:

a. podemos valorar las cosas y las circunstancias más allá de que nos gusten lo cual nos da una flexibilidad impresionante en el vivir cotidiano.

b. hay cosas que se nos dan mejor que otras, pero no es solo lo que obtengo o rindo, sino también cómo las hago y desde dónde. Ello implica que me puedo motivar por algo pero me abro a que los resultados sean los que sean.

c. si me pagan bien genial, es justo y necesario y además no permito abusos, pero hay decenas de cosas que hacemos por amor a las mismas (no si otros se lucran por nosotros claro). Saber que el dinero nos puede dar una casa pero no un hogar, entretenimiento pero no serenidad, gente pero no amistad, comodidades pero no certeza es una gran lección.

d. la sociedad necesita solucionar cosas, pero no siempre uno tiene las llaves para ello. Basta con tener las llaves de la propia templanza. En algún lugar eso impregna tu sociedad.

Con todo esto la verdad es que mi «ikigai» es muy diferente.

  • Ser capaz de abrazar y valorar cada instante lo que tengo, lo que puedo perder, y no solo lo que quiero conseguir o lo que «hago bien».
  • Ser capaz de disfrutar incluso de actividades que no son intrínsecamente divertidas, agradables o perfectas, o sea, no solo «lo que me gusta».
  • Ser flexible para adaptarse a las circunstancias y los tiempos, sufriendo lo mínimo, más que exigir que el mercado encaje exactamente en mi talento.
  • Saber que la vida tiene curvas, imprevistos, giros en los que difícilmente todo encajará a la perfección, para muestra Lehman Brothers, pandemias con muertes cercanas o gasoductos que desatan guerras.

Pero sobre todo no buscar cuatro reyes: jugar en la vida con todas las cartas, vengan las que vengan, porque todas, absolutamente todas, son aprendizajes.

El sabio se adapta tanto al as de bastos como al rey de oros.

Abrazos,

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