Suelo enseñar que el cerebro es elástico más que plástico.

Ya sé que lo de la plasticidad es «trending topic» y «mainstream», pero eso como bien sabes suele ser señal de calidad regular. No es que quiera llevar la contraria, es que no hace falta tirar de apegos, modas y filias cuando uno trata de estudiar el comportamiento humano.

Pero sobre todo es que en el cerebro los hábitos lo son todo. Me refiero lógicamente a las memorias, la mayoría no conscientes, que modulan y dirigen la conducta a su antojo, pero le dejan al Yo creer que está al cargo y al tanto.

Si el cerebro fuera tan plástico como dicen por ahí, sería ciertamente peligroso. Uno sería cada día cualquier versión de sí mismo, e iría despersonalizado por la vida. Además conseguiríamos absolutamente todos nuestros sueños, algo que sería horrible, porque si ya somos arrogantes imagínate habiendo conquistado muchos logros. La vida no es precisamente cuánto puedes conseguir, sino cuánto puedes perder en cada instante, como bien me enseñaron los grandes.

Si el cerebro fuera tan plástico como dicen por ahí, seríamos poco gratos con nuestros padres. Le debo a mi madre numerosas facultades y a mi padre otras tantas bondades. Quiero decir que yo tengo poco que ver ahí, la mayor parte de luces y sombras vinieron en gran parte dadas y lo que hacemos es confirmarlas más que transformarlas. Ya sé que algún joven no me va a creer, pero solo tiene que esperar a envejecer lo suficiente. Con sabiduría claro.

Si el cerebro fuera tan plástico, la gente meditaría las famosas 8 semanas, en algún momento entraría en un buen estado indeleble. Hablo de esos estados que a otros les llevó años y años de seguir con confianza, fidelidad, arrojo y muchísima inocencia a un hombre medicina o a un maestro con mayúsculas, o sea, de los que no salen en redes ni usan libros.

Si el cerebro fuera tan plástico, tendríamos capacidades de ecolocalización como los murciélagos, visión infraroja como las serpientes y reparación de heridas y miembros como las lagartijas. No somos la especie elegida, aprovecho para recordármelo.

El cerebro es más bien elástico.

  • La sensación de paz en aquella playa pontevedresa ya se desvaneció. No permanece.
  • Aquella fuerza hercúlea del que levantaba kilos se pierde tras meses de inactividad.
  • Qué decir del inglés fluido a los 16, dónde está el Proficiency veinte años después si no lo tocas.

Como un buen muelle, el cerebro vuelve a su estado base.

  • Por eso si uno quiere ser más inteligente lo tiene que entrenar toda la vida y aún así que no espere cambios gigantes.
  • Si uno quiere serenidad genuina y no se cayó en la marmita de la sabiduría de joven, tendrá que practicar toda la vida.
  • Si uno quiere no ganar peso y peso, tendrá que moderar su alimentación toda su vida.

Ya sabes porqué la plasticidad es más trending topic que la elasticidad. Mola más decirle a la gente que pueden conseguir todo con su esfuerzo que reconocer que hay niños que te ganan al ajedrez aunque les tripliques en horas de entrenamiento.

Las malas noticias son en ocasiones muy buenas, porque desde la realidad puedes diseñar las mejores soluciones.
Pero las noticias ilusas son malísimas. Son como la autoestima de partida, te crees grande sin haber hecho nada. De lo peor evidentemente.

Así que sí, cada semana doy noticias «malibuenas» 😊 .
Muchos ya saben que mejor elasticidad que plasticidad.

De este modo tocan tierra y no esperan tumbarse a la bartola en el futuro ni vivir de las rentas. Van conociendo cómo funcionan los hábitos, pero no porque lo lean en los libros o yo les explique la potenciación a largo plazo y las funciones precisas del caudado y putamen (núcleos de los ganglios basales vinculados con los hábitos) sino porque les invito a hacer y hacer cada mañana. Hablarles de neurotransmisores para meditar o tener bienestar sería tomarles el pelo. Podría despistarles con redes y sistema nervioso pero no me lo perdonaría. El bienestar no es un conocimiento técnico ni teórico.

No creas que niego la plasticidad. Los neurocientíficos la estudiamos, nos encanta lo de la sensibilización y habituación y además nos suele caer muy bien Donald Hebb, Eric Kandel y su Aplysia. El problema es que los trending topic la interpretan mal. La plasticidad es del cerebro no del Yo, pero no siempre se dan cuenta.

Aunque sea evidente porque es ella la que está activa en el bulbo olfativo, en el hipocampo, también en todo el cerebro, altísima en etapas tempranas, en las cirugías y degeneraciones. La neurobiología tira mucho de plasticidad…,  pero el Yo ciertamente poco.

Mejor empezar por estirarse… elasticidad.

Quizá así amplíe uno después esa capacidad para no verse dirigido por las propias memorias.

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