Es una broma de El Mundo Today, mi periódico favorito 😊 😊 😊.

Y como es habitual en las buenas sátiras, apunta a lo esencial.

Y es que construirse a 1 mismo desde 1 mismo, suele ser un galimatías de resultados insatisfactorios, que no se resuelve tirando aún más de 1 mismo para llenarse de más información.
Pero ¿cómo puede ser esto?

En la cultura del Yo, uno tiende a creer que todo suma.

En las tradiciones que he conocido, se piensa lo contrario: casi todo resta cuando no apunta a lo esencial.

En éstas el desarrollo personal genuino no se hace desde el individuo, sino viajando más allá del mismo. Lo esencial en esos caminos no eres tú ni lo que puedes conseguir con motivación hercúlea. Lo esencial es lo que puedes perder ahora, pero todavía no te has dado cuenta. Como me dijo Víctor en el desierto: “Jose, hay hombres que van a morir, pero unos se dan cuenta y otros no”.

La clave no es cuánto te puedes reclamar y empoderar en este instante, sino cuanta importancia te puedes quitar.

Es muy curioso, o triste según se mire, que ese crecimiento se vincule a libros y conceptos, cuando resulta que la sensación de ser es previa a todo lenguaje. O que pensemos que uno medita, en vez de darse cuenta de que ha sido meditado… por esa parte de uno mismo que precisamente escapa a la voluntad.

En el camino simple, que no simplón, de esas tradiciones perennes las creencias no son pilares desde los cuales filtrar la vida sino estructuras a cuestionar, pero no para construir un nuevo Yo cuántico, superior o místico sino para discernir el grado de autoría que tenemos sobre nuestros procesos mentales y las acciones. “Lo ordinario es lo extraordinario”, obsesiónate con esa atención insistía Philippe.

La neurociencia nos puede aportar, desde los conceptos no olvidemos, algún atisbo de que lo perenne no es una majadería. De hecho conocemos bien que el libre albedrío, de existir, es mucho más reducido de lo que imaginamos. Baste recordar que el consciente maneja apenas unos bits por segundo y el no consciente 11 millones de datos de los cuales nos llega una ínfima parte integrada y procesada.

Pero ésta, que sabes que me encanta y que profesionalmente me dedico a ella, no te puede llevar a ese lugar, porque la experiencia de la manzana y su sabor no están en la palabra manzana. Del mismo modo la experiencia humana de claridad no está en concebir unas sinapsis.

A este proceso le llamamos sabiduría, una palabra que amo aunque haya desaparecido casi del vocabulario. No hablamos de erudición ni acumulación de conocimiento, sino de ser consciente en cada instante del grado de autoría de nuestros procesos. Tampoco hablamos de una técnica meditativa para el stress. Es mucho más, bueno en realidad mucho menos.

Y es que cuando no ponemos a tope el Yo en el asador, estamos menos quemados lógicamente. No hay tanto que defender ni lograr, menos cosas que rechazar o apegarse, cero narcisismo a evocar y se puede amar la vida con claridad.

Sin lugar a dudas esto jamás lo podría haber hecho construyéndome a mí mismo. La vida me ha destruido las suficientes veces como para obsesionarme con nuevos personajes.

La verdad estaba en algunos maestros, no “en mi interior”. El único mérito fue respetarles y poner a prueba, una y otra vez, sus sugerencias.

Crecer es posible cuando el guía bondadoso te acaricia a contrapelo.

Cuidado que El Mundo Today apunta fino.

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